Total de visualitzacions de pàgina:

dijous, 22 de juliol de 2010

Las nuevas identidades


La identidad es la calidad que una persona tiene de ser ella misma. Se trata de un atributo ontológico por el cual aquello que es no puede dejar de serlo.
Un sentimiento es una intuición confusa que no se puede justificar racionalmente. Sentir, pero, es tener conciencia del propio estado. Ser ya es otra cosa.
Desde el concepto estático de Parménides, pasando por el devenir de Heráclito, la síntesis de Aristóteles, hasta llegar a la dialéctica tras Hegel, la Metafísica ha definido con creces el hecho de la existencia humana y la divina. Por qué pues debe aceptarse sin rubor que se diga que la condición de catalán es sólo un sentimiento? Cómo es que en un preámbulo, sin valor jurídico, se afirma que se recoje el sentimiento mayoritario de los catalanes para definir Cataluña como una nación?
Una nación es una comunidad de personas con varios vínculos culturales, sociales, económicos o históricos comunes, que le dan una fisionomía propia, diferenciada y diferenciadora y una voluntad de organización y proyección propias.
Una nación se define por la voluntad comunitaria de ser de sus gentes.
Guillem d’Efach, cantautor mallorquín de madre africana, narraba en un libro de memorias una experiencia propia en lo referente a la visibilización de la identidad mediante el idioma: Había pedido un café, “sisplau”, cuando el camarero le espetó:
- Hermano: si no hubieras hablado mallorquín habría jurado que eras negro!
Eh ahí como una lengua minorizada, como el catalán en Mallorca, es capaz de convertirse en un instrumento eficaz de aceptación de todo aquel quien decida compartir elementos de la cultura societaria propia y común de los Países Catalanes. A un negro del Bronx no le sirve de mucho hablar el inglés que habla cualquier blanco en los Estados Unidos de América, pero en la comarca catalana del Maresme va muy bien ser un negro que habla catalán. Así pues, sin dejar de ser lo que uno es, se pueden adoptar voluntariamente otras identidades añadidas y ser percibido por otros como poseedor de una identidad mutua y compartida.
Querer ser, decidir ser lo que se quiere ser, es una cuestión de libre elección, pero no siempre ni en todas partes. No todo el mundo puede ser español, francés o italiano, porque España, Francia e Italia son estados recelosos que cierran sus fronteras. Europa retiene miles de extranjeros en centros de internamiento por el mero hecho de serlo y no tener “papeles”.
Contra las maldades concretas urgen espacios y tiempos de bondad tangibles, construidos desde la utopía que toca de pies en el suelo y que, siempre e inexorablemente, construye y hace posible el futuro. No se trata sólo de sentir, se trata de decidir.
Y como hacerlo? Hace falta reforzar el concepto de vecindad, muy propio de las sociedades próximas, de la pequeña comunidad. Porque una vecina puede serlo sin papeles de ciudadanía. La vecina puede ser la madre de Saïd, el amigo de la clase de Miquel, puede ser la del tercero segunda dónde en el rellano siempre hace olor de cúrcuma, aquella que guarda cola en la tienda de tripa y asaduras del mercado, la que limpia la escalera de vecinos o la que cuida de mamá cuando no estamos en casa. No se trata sólo de ejercer de buenos vecinos, se trata de defender el barrio.
Porque Said, pero porque también Jairo y Rocío, deben poder seguir hablando el catalán de forma preeminente en la escuela, para que el barrio no deba convertirse nunca en un geto dónde viva gente estigmatizada que no tenga la oportunidad de participar de la cultura societaria que les deberá abrir más puertas que a los jóvenes franceses de las “banlieues”.
Porque tras cinco años de tregua, en Grenoble en julio de 2010, ya han quemado más de ochenta coches en la nueva revuelta de los suburbios. En Francia todo el mundo habla francés, y al resto de lenguas maternas se las denomina despectivamente “patoise”. En Francia ha fracasado el modelo jacobino de asimilación cultural, las promesas frustradas han traído la rebelión y el odio social de los “diférents malgrée tout”.
Y España reincide una y otra vez en el espejo jacobino afrancesado. Hace falta volver a hacer frente con las ideas a esta conocida reinvolución política que insiste tercamente en el menosprecio de la diversidad cultural, centralizando el poder y simplificando la cultura al modelo castellano asimilacionista, residuo de un imperio fracasado ya hace más de un siglo.
A buena parte de los americanos del Caribe les deja indiferentes la “madrepatria”, porque su verdadero referente de origen común es más africano que español y sus referentes simbólicos son más bolivarianos que de la “Conquista”. Las nuevas identidades americanas se hacen oir en el mundo con una voz renovada que reivindica las culturas indígenas, huérfanas de protagonismo en tiempos de la aparición de las nuevas naciones.
Los americanos son americanos porque lo son y porque lo han querido ser, porque han decidido serlo y porque quieren continuar siéndolo, no sólo porque se sientan americanos, que también.
Ahora las diferentes repúblicas americanas celebran sus 200 años de independencia del Reino de España. Cada año celebran por estas fechas sus respectivas fiestas nacionales. Los argentinos, los colombianos, los ecuatorianos, los venezolanos, los peruanos y muchos americanos que viven en Catalunya lo han celebrado con grandes fiestas populares dónde las familias comparten la cocina típica de su cultura, donde exhiben con alegría su identidad compartida.
Los catalanes somos catalanes porque lo somos y porque lo hemos querido ser, porque hemos decidido serlo y porque queremos continuar siéndolo, no sólo porque nos sintamos catalanes, que también. No se trata sólo que Mohammed se pueda sentir catalán, se trata que se le permita serlo si él lo decide.
En Perpiñán, en la Cataluña francesa, conozco a un músico que es poseedor de diferentes identidades. Es hijo de padre argelino y madre gitana, es rumbero, es ciudadano francés, es catalán, es gitano y también es de origen magrebí. Pero de todas estas identidades él eligió dos que lo definen: Mambo es un gitano catalán. Quizás le habría resultado más cómodo elegir otras, pero él lo decidió libremente.
La identidad es una opción libre y personal que hace que el individuo se vincule a la comunidad y que se defina como ser social e individual. Aquello que Aristóteles denominaba el zoon politikon, reaparece tercamente y por todas partes.
A los catalanes que no tenemos la ciudadanía francesa ni la italiana, no nos hace falta querer ser españoles, porque no lo podemos decidir, sólo podríamos “sentirnos” españoles.
Un vecino de l’Alguer, una ciudad catalana de Cerdeña, se podría sentir italiano pese a que en Roma ya no se pueda visitar el Coliseo acompañado por un guía en catalán, porque el gobierno provincial lo ha prohibido. Como que en Europa el catalán no es lengua oficial...
Hay diputados del Parlamento Europeo que están preocupados por hacer avanzar la conciencia de la identidad europea común entre los ciudadanos de la Unión. El 9 de julio de 2010 pude escuchar en la Fundación Antoni Tàpies de Barcelona a un diputado rumano del grupo Socialistas & Demócratas lamentarse de la falta de identidad común de los europeos. Afirmaba que los europeos habríamos de llegar a estar dispuestos a “morir por Europa”. Esto produce escalofríos en el siglo XXI.
La identidad europea no se puede imponer negando las verdaderas identidades europeas. Las identidades siempre son complejas y los híbridos culturales suelen sufrir. Hace falta elegir libremente la propia identidad compartida. Porque sentirse ciudadano del mundo es sólo un sentimiento, pero ser ciudadano del mundo resulta muy caro y no todo el mundo se lo puede permitir. Porque viajar es caro. Porque tener casa donde vivir en muchos lugares es caro. Porque no vale sólo con tener muchos “amigos” en las redes sociales de Internet.
Un sentimiento es una intuición confusa que no se puede justificar racionalmente. Sentir, pero, es tener conciencia del propio estado. Ser ya es otra cosa.

Les noves identitats


La identitat és la qualitat que una persona té d’esser ella mateixa. Es tracta d’un atribut ontològic pel qual allò que és no pot deixar de ser-ho.
Un sentiment és una intuició confusa que no es pot justificar racionalment. Sentir, però, és tenir consciència del propi estat. Ésser ja és una altra cosa.
Des del concepte estàtic de Parmènides, passant per l’esdevenidor d’Heràclit, la síntesi d’Aristòtil, fins arribar a la dialèctica després de Hegel, la Metafísica ha definit prou abastament el fet de l’existència humana i la divina. Per què doncs s’ha d’acceptar sense rubor que es digui que la condició de català és només un sentiment? Com és que en un preàmbul, sense valor jurídic, s’afirma que es recull el sentiment majoritari dels catalans per definir Catalunya com una nació?
Una nació és una comunitat de persones amb diversos vincles culturals, socials, econòmics o històrics comuns, que li donen una fesomia pròpia, diferenciada i diferenciadora i una voluntat d’organització i projecció pròpies.
Una nació es defineix per la voluntat comunitària de ser de la seva gent.
Guillem d’Efach, cantautor mallorquí de mare africana, narrava en un seu llibre de memòries una vivència pròpia referent a la visibilització de la identitat mitjançant la llengua: Havia demanat un cafè, sisplau, quan el cambrer li etzibà:
- Germanet: si no haguéreu xerrat mallorquí hauria jurat que ereu negre!
Eus ací com una llengua minoritzada és capaç d’esdevenir un instrument eficaç d’acceptació de tot aquell qui decideixi compartir elements de la cultura societària pròpia i comuna dels Països Catalans. A un negre del Bronx no li serveix per a gaire parlar l’anglès que parla qualsevol blanc als Estats Units d’Amèrica, però al Maresme va molt bé ser un negre que parla català. Així doncs, tot i no deixar de ser el que és, hom pot adoptar volgudament altres identitats afegides i ser percebut per altres com a posseïdor d’una identitat mútua i compartida.
Voler ser, decidir ser el que hom vol ésser és una questió de lliure elecció, però no sempre ni a tot arreu. No tothom pot ser espanyol, francès o italià perquè Espanya, França i Itàlia són estats recelosos que tanquen fronteres. Europa reté milers d’estrangers en centres d’internament pel sol fet de ser-ho i no tenir “papers”.
Contra les maldats concretes calen espais i temps de bondat tangibles, construïts des de la utopia que toca de peus a terra i que, sempre i inexorablement, esdevé futur. No es tracta només de sentir, es tracta de decidir.
I com fer-ho? Cal reforçar el concepte de veïnatge, ben propi de les societats properes, de la petita comunitat. Perquè una veïna pot ser-ho sense papers de ciutadania. La veïna pot ser la mare d’en Saïd, l’amic de la classe del Miquel, pot ser la del tercer segona on al replà sempre fa olor de cúrcuma, aquella que fa cua a la parada de menuts, la que frega l’escala o la que cuida la mare quan no hi som. No es tracta només de fer de bons veïns, es tracta de defensar el barri.
Perquè en Saïd, però perquè també en Jairo i la Rocio, han de poder seguir parlant el català de forma preeminent a l’escola, per a que el barri no hagi d’esdevenir mai un geto on hi visqui gent estigmatitzada que no tingui la oportunitat de participar de la cultura societària que els haurà d’obrir més portes que als joves francesos de les “banlieues”.
Perquè després de cinc anys de treva, a Grenoble el juliol de 2010, ja han cremat més de vuitanta cotxes en la nova revolta dels suburbis. A França tothom parla francès, i a la resta de llengues maternes se les anomena despectivament “patoise”. A França ha fracassat el model jacobí d’assimilació cultural, les promeses frustrades han portat la rebelió i l’odi social dels “diferents malgrée tout”.
I Espanya reincideix una i una altra vegada en el mirall jacobí afrancesat. Cal tornar a fer front amb les idees a aquesta coneguda reinvolució política que insisteix tossudament a mensprear la diversitat cultural, centralitzant el poder i simplificant la cultura al model castellà assimilacionista, residu d’un imperi fracassat ja fa més d’un segle.
Una bona part dels americans del Carib se’n foten de la “madrepatria”, perquè el seu veritable referent d’origen comú és més africà que espanyol i els seus referents simbòlics són bolivarians, i no pas de la “Conquista”. Les noves identitats americanes es fan sentir al món amb una veu renovada que reivindica les cultures indígenes, òrfenes de protagonisme en l’aparició de les noves nacions.
Els americans són americans perquè ho són i perquè ho han volgut ser, perquè han decidit ser-ho i perquè volen continuar-ho sent, no només perquè s’hi sentin, que també.
Ara les diferents repúbliques americanes celebren els seus 200 anys d’independència del Regne d’Espanya. Cada any celebren per aquestes dates les seves respectives festes nacionals. Els argentins, els colombians, els equatorians, els veneçolans, els peruans i molts americans que viuen a Catalunya ho han celebrat amb grans festes populars on les famílies comparteixen la cuina típica de la seva cultura, on exhibien amb alegria la seva identitat compartida.
Els catalans sóm catalans perquè ho som i perquè ho hem volgut ser, perquè hem decidit ser-ho i perquè volem continuar-ho sent, no només perquè ens hi sentim, que també. No es tracta només que en Mohammed es pugui sentir català, es tracta que se li permeti ser-ho si ell ho decideix.
A Perpinyà conec un músic que és posseïdor de diferents identitats. És fill de pare algerià i mare gitana, és rumbero, és ciutadà francès, és català, és gitano i també és d’orígen magrebí. Però de totes aquestes identitats ell n’ha triat dues que el defineixen: en Mambo és un gitano català. Potser li hauria estat més còmode triar-ne d’altres, però ell ho ha decidit lliurement.
La identitat és una opció lliure i personal que fa que l’individu es vinculi a la comunitat i que es defineixi com a ésser social i individual. Allò que Aristòtil anomenava el zoon politikon, reapareix tossudament i arreu.
Als catalans que no tenim la ciutadania francesa ni la italiana, no ens cal voler ser espanyols, perquè no ho podem decidir, només ens hi podriem sentir.
Un alguerès de Sardenya es podria sentir italià malgrat que a Roma ja no es pugui visitar el Coloseu acompanyat per un guia en català, perquè el govern provincial ho ha prohibit. Com que a Europa el català no és llengua oficial...
Hi ha diputats del Parlament Europeu que estan preocupats per fer avançar la consciència de la identitat europea comuna entre els ciutadans de la Unió. El 9 de juliol de 2010 vaig poder escoltar a la Fundació Tàpies un diputat romanès del grup Socialistes & Demòcrates lamentar-se de la manca d’identitat comuna dels europeus. Afirmava que els europeus hauríem d’arribar a estar disposats a “morir per Europa”. Això fa fredat al segle XXI.
La identitat europea no es pot imposar negant les veritables identitats europees. Les identitats sempre són complexes i els híbrids culturals solen patir. Cal triar lliurement la pròpia identitat compartida. Perquè sentir-se ciutadà del món és només un sentiment, però ser ciutadà del món resulta mol car i no tothom s’ho pot permetre. Perquè viatjar és car. Perquè tenir casa per viure-hi a molts llocs és car. Perquè no s’hi val només tenir molts “amics” a les xarxes socials d’Internet.
Un sentiment és una intuició confusa que no es pot justificar racionalment. Sentir, però, és tenir consciència del propi estat. Ésser ja és una altra cosa.