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dijous, 29 de juliol de 2010

El patrimonio festivo


Aquello que la gente somos capaces de imaginar colectivamente es muy valioso.
La Cultura es una construcción simbólica de los humanos. Comemos, cantamos y nos emocionamos siguiendo pautas aprendidas en familia, en grupo, en sociedad. Hoy como ayer inventamos tradiciones, creemos en mitos y construimos nuevas leyendas. Hoy, igual que ayer, seguimos lanzando a los cuatro vientos las nuevas fábulas, y lo hacemos también por internet. En las ciudades también hay cuentos que los jóvenes narran como historias ciertas al salir del instituto.
La cultura de la sociedad compleja iguala aquello que antaño habíamos llamado rural de aquello que antes llamábamos urbano. La gente somos la misma gente en Rosario que en Grandoli, la misma en Barcelona que en la Barceloneta o en Gracia, también la misma que en Damasco o en Marraquech.
Tenemos mitos en común de color azul y grana, rojiblanco o albiceleste. Llenamos juntos la calle en fiestas, pasamos todos juntos el mismo calor del verano y sufrimos juntos la crisis que toca en cada tiempo, sobre todo si somos gente trabajadora.
Hace años que en mi ciudad de Barcelona, desde el Museo Etnológico, conspiramos juntos con la gente que organiza la Fiesta Mayor del barrio de Gracia por salvaguardar la parte más tangible de un mito: los adornos y decorados de una fiesta barcelonesa declarada Fiesta Tradicional de Interés Nacional de Cataluña.
¿Quien dijo que el patrimonio era cosa de artistas e ilustrados? Los museos del siglo XXI apostamos por un concepto próximo de la cultura, por un retorno a de valores a los protagonistas creadores de los mitos cotidianos.
No fué porque sí que la conferencia 2010 del Consejo Internacional de los Museos, que se celebra este noviembre a Shangai, eligiera como tema central “el papel de los museos como motores de la armonia social”. Cuando hablamos del patrimonio festivo también estamos hablando de armonia.
Una flor de papel pintado no se conserva mucho tiempo entre cables, luces, cajas y demás trastos de fiesta. Los antiguos talleres y las trastiendas del barrio barcelonés de Gracia no reunían las condiciones idóneas de temperatura constante o de humedad relativa. El decorado de la fiesta es un patrimonio tan efímero como lo puede ser una aquarela, pero significa muchas emociones colectivas que hacía falta preservar.
Cada año las vecinas creadoras de las artesanías efímeras, y también sus compañeros hombres, reservan algunos detalles del “guarnit”, el “adorno”, para que pasen a ser “una pieza de museo”. El Museo conserva, estudia y divulga este patrimonio festivo del mismo modo que lo hace con los otras tesoros que custodia.
Los tesoros de un museo de Antropología sobrepasan el concepto artístico o histórico. Los materiales etnográficos son elementos que contienen una información muy diversa y valiosa: el rastro de la historia de la vida cotidiana, los rastros de la memoria de aquellos hechos que el pueblo eleva a la categoría de acontecimiento, los elementos rituales, los instrumentos para las prácticas rituales, los sortilegios mágicos.
Los objetos etnográficos son herramientas de trabajo, indumentarias de fiesta, boleadoras, mates, amuletos, relicarios, imágenes de los antepasados, santos, dioses, capazos o cestas, y un montón de otras maravillas como hadas de cartón, enanitos de papel, vampiros, duendes o cortinas de agua fabricadas a mano con botellas de plástico y pintadas con lentejuelas de purpurina.
No es nueva en el Museo Etnológico de Barcelona esta museología. En los años cuarenta del siglo pasado ya había en el museo quien trabajaba en la recolección de materiales festivos.
Ramon Violant, Joan Amades, August Panyella, Zeferina Amil, Apel•les Mestres, y otros muchos trabajaron para el antiguo museo en la recolección y el estudio de piezas tan interesantes como las máscaras del Carnaval, las “fallas” o antorchas de San Juan, los juguetes, los vestidos de novia y de fiesta, las “gralles”, los “sacs de gemecs” o gaitas, los “flabiols” o flautas, las castañuelas, los panderos, tambores y un etcétera que constituye la colección más importante de patrimonio etnológico inventariada y documentada a nivel nacional en Catalunya.
Hoy como ayer, el museo también documenta la fiesta popular, en vivo y en directo, y lo hace captando las imágenes de los procesos de trabajo de creación colectiva que han hecho posible la transformación de la calle en un espacio de vida en común durante un tiempo tan extraordinario como efímero.
Estos documentos fotográficos y audiovisuales tienen una mirada etnográfica e incrementan constantemente el fondo del Archivo de Imágenes del museo, que contiene más de cincuenta-mil, obtenidas durante más de sesenta años de trabajo de campo de varias generaciones de investigadores catalanes que han observado y estudiado culturas por todo del mundo.
La comparación de materiales y de imágenes tan diversos hace más interesante el trabajo científico porque hace posibles interpretaciones más complejas y fundamentadas.
La acumulación del conocimiento para el estudio de los expertos y de los especialistas es una de las funciones del museo, como también lo es la divulgación de este conocimiento y el compartir las experiencias aprendidas, poniéndolas en contraste y en contacto.
Un ejemplo de esto ha sido la colaboració del museo con la fiesta de “la Patum”, fiesta señera de la ciudad de Berga que, junto con el Misterio de Elx, constituyen las únicas Obras cumbre del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad que la UNESCO ha declarado y proclamado como tales en los Países Catalanes.
El museo ha aportado a la Patum de este año imágenes inéditas de la década de 1940 de su propio fondo documental. Pero también ha hecho posible el encuentro entre esta fiesta catalana con una fiesta caribeña también patrimonio de los humanos: el Carnaval de Barranquilla, y ha acercado culturas y gente en aquello que comparten, que no es otra cosa que su propia humanidad y gusto por la fiesta.
Esta práctica del museo trasciende las disciplinas y se aplica de forma eficaz y próxima a la sociedad más inmediata, porque implica de forma activa a los protagonistas de la cultura, transforma de forma pequeña y concreta realidades dinámicas y bien cargadas de símbolos, potencia valores a la escala más próxima, pequeña, modesta, humana.
En el barrio barcelonés de Gracia pasan a menudo estas cosas, cada tarde que las mujeres y los hombres bajan de casa y se reunen en el local social para imaginar cómo será el adorno de fiesta. A cada corte de tijera, a cada golpe de martillo se construye algo más que una ilusión.

El patrimoni festiu


Allò que la gent sóm capaços d’imaginar col•lectivament és molt valuós. La Cultura és una construcció simbólica que fem els humans. Mengem, cantem i ens emocionem seguint pautes apreses en família, en colla, en societat.
Ara com abans inventem tradicions, creiem en mites i construïm noves llegendes. Avui, igual que ahir, seguim escampant als quatre vents les noves rondalles, i ho fem també per internet. A ciutat també hi ha contes de la vora del foc que s’expliquen com històries ben certes en sortir de l’institut.
La cultura de la societat complexa iguala allò que abans en deiem rural d’allò que abans en deiem urbà. La gent sóm la mateixa gent a la Fatarella que a Gràcia, però també a Cali, a Rosario o a Amizmiz. Tenim mites en comú “amb un nom que el sap tothom”. Omplim junts el carrer en festes, passem tots junts la mateixa calor d’estiu i patim junts la crisi que toca en cada temps, sobretot si sóm gent treballadora.
Fa anys que el Museu Etnològic de Barcelona i la gent de la Festa Major de Gràcia conspirem junts per salvaguardar la part més tangible d’un mite: els guarniments d’una festa barcelonina declarada Festa Tradicional d’Interès Nacional de Catalunya.
Qui ho diu que el patrimoni és cosa d’artistes i lletraferits? Els museus del segle XXI apostem per un concepte proper de la cultura, per un retorn de valors als protagonistes creadors dels mites quotidians.
No ha estat perquè sí que la conferència 2010 del Consell Internacional dels Museus, que se celebra aquest novembre a Shangai, hagi escollit com a tema central “el paper dels museus com a motors de l’armonia social”. Quan parlem del patrimoni festiu també estem parlant d’armonia.
Una flor de paper pintat no es conserva gaire temps enmig de cables, llums i caixes. Els antics tallers i els rerabotigues de Gràcia no reunien les condicions idònies de temperatura constant o d’humitat relativa. El guarniment de festa és un patrimoni tan efímer com ho pot ser una aquarel•la, però significa moltes emocions col•lectives que calia preservar.
Cada any les veïnes creadores de les artesanies efímeres, i també els seus companys homes, reserven alguns detalls del “guarnit” per a que passin a ser “una peça de museu”. El Museu conserva, estudia i divulga aquest patrimoni festiu de la mateixa manera que ho fa amb els altres tresors que custodia.
Els tresors d’un museu d’Antropologia depassen el contingut artístic o històric. Els materials etnogràfics són elements que contenen una informació molt diversa i valuosa: el rastre de la història de la vida quotidiana, els rastres de la memòria d’aquells fets que el poble eleva a la categoría d’esdeveniment, els elements rituals, els instruments per a les pràctiques, els sortilegis màgics.
Els objectes etnogràfics són eines de treball, indumentàries de festa, amulets, reliquiaris, imatges dels avantpassats, sants, déus, coves o cistells, i un munt d’altres maravelles com fades de cartó pedra, nans, vampirs, follets o regalims d’aigua fets amb ampolles de plàstic pintades amb lluentons de purpurina.
No és nova a l’Etnològic aquesta museologia. Als anys quaranta ja hi havia al museu qui feia feina recol•lectant materials festius. Ramon Violant, Joan Amades, August Panyella, Zeferina Amil, Apel•les Mestres, i molts altres van treballar per l’antic museu en la recol•lecció i l’estudi de peces tan interessants com les màscares del Carnaval, les falles de Sant Joan, les joguines, els vestits de núvia i de festa, les gralles, els sacs de gemecs, els flabiols, les castanyoles, els panderos i un etcétera que constitueix la col•lecció més important de patrimoni etnològic que hi ha inventariada i documentada a nivel nacional a Catalunya.
Ara com abans, el museu també documenta la festa, en viu i en directe, i ho fa captant les imatges dels processos de treball de creació col•lectiva que han fet possible la transformació del carrer en un espai de vida en comú durant un temps tan extraordinari com efímer.
Aquests documents fotogràfics i audiovisuals tenen una mirada etnogràfica i incrementen constantment el fons de l’Arxiu d’Imatges del museu, que en conté més de cinquanta-mil, obtingudes en el decurs de més de seixanta anys de treball de camp de diverses generacions d’investigadors catalans que han observat i estudiat cultures arreu del món.
La comparació de materials i d’imatges tan diversos fa més interessant el treball científic perquè fa possibles interpretacions més complexes i fonamentades.
L’acumulació del coneixement per a l’estudi dels experts i dels especialistes és una de les funcions del museu, com també ho és la divulgació d’aquest coneixement i el compartir les experiències conegudes arreu, posant-les en contrast i en contacte.
Un exemple d’això ha estat la col•laboració del museu amb la Patum, festa senyera de la ciutat de Berga que, juntament amb el Misteri d’Elx, constitueixen les úniques Obres Mestres del Patrimoni Oral i Intangible de la Humanitat que la UNESCO ha declarat i proclamat com a tals als Països Catalans.
El museu ha aportat a la Patum d’enguany imatges inèdites de la dècada de 1940 del seu propi fons documental. Però també ha fet possible la trobada entre aquesta festa catalana amb una festa caribenya també patrimoni dels humans: el Carnaval de Barranquilla, i ha apropat cultures i gent en allò que comparteixen, que no és altra cosa que la seva pròpia humanitat i gust per la festa.
Aquesta pràctica del museu transcendeix les disciplines i s’aplica de forma eficaç i propera a la societat més immediata, perquè implica de forma activa els protagonistes de la cultura, transforma de forma petita i concreta realitats dinàmiques i ben carregades de símbols, potencia valors a l’escala més propera, menuda, modesta, humana.
A Gràcia passen sovint aquestes coses, cada tarda que les dones i els homes baixen de casa i es troben al local per a imaginar com serà el guarnit. A cada tall de tisora, a cada cop de martell es construeix alguna cosa més que una il•lusió.